Hace más de diez años que “sequía” y “escasez hídrica” vienen resonando en los medios de comunicación, pero hoy con una importancia y trascendencia nunca antes vista, a nivel nacional.
Chile se ubica en el puesto número 18 de 164 países con estrés hídrico. Según el Ministerio de Obras Públicas, más del 50% de las comunas del país se encuentra bajo escasez hídrica.
Bajo este contexto, se han planteado diferentes estrategias para enfrentar la sequía y la demanda de agua, entre ellas, se destaca el reutilización de aguas residuales. Estas pueden ser de origen domiciliario como industrial, y son esas aguas que se van por el desagüe al bañarse, lavar los platos o tirar la cadena del baño y que, por tanto, contienen impurezas orgánicas e inorgánicas. Sin embargo, luego de diferentes tratamientos son aptas hasta para el consumo humano de forma segura.
“Vemos las aguas servidas tratadas como una fuente o reserva estratégica de agua dulce para la sostenibilidad de los servicios sanitarios en el largo plazo”, señalaron desde la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Sanitarios (Andess).
Cabe destacar que las aguas residuales se dividen en aguas grises (ducha, lavamanos, lavaderos) y aguas negras, básicamente las que tienen excretas.
En el sistema tradicional, cuando las aguas residuales se van por el alcantarillado llegan a una Planta de Tratamiento de Aguas Servidas (PTAS), donde son tratadas hasta alcanzar cierta calidad y luego se vuelven a descargar, por ejemplo, al río o al mar. El reúso de aguas residuales tratadas permite valorizar este residuo líquido que se elimina a través de los sistemas de tratamiento existente (PTAS urbanas, rurales y emisarios submarinos), el que podría ser recuperado en su totalidad, puesto que la calidad del agua después del tratamiento permite que pueda ser reusada.
El reúso de aguas residuales no es un concepto nuevo, pues existe desde la Civilización Minoica, hace unos 5000 años, y la tecnología y su gestión ha avanzado de tal forma que, por ejemplo, actualmente, Israel alcanza porcentajes de tratamiento y reúso de sus aguas residuales muy cercanos al 100% de la totalidad generada en sus territorios. Estados Unidos, Arabia Saudita, Singapur, Australia, son otros países avanzados en la materia.
En ese sentido, existe la tecnología para tratar y dejar el agua con una calidad tal, que se le puede dar un uso posterior, como riego agrícola, acuicultura, consumo animal, uso industrial, uso minero, riego de zonas de recreación, riego de áreas verde, recarga de aguas subterráneas (acuíferos), y como agua potable o higiene personal.
La calidad del agua residual tratada puede variar según el uso que se le quiera dar. No es lo mismo tratar el agua de la lavadora para regar áreas verdes que tratarla para consumo humano, aunque, este tratamiento tiene un costo asociado. “Incrementar la calidad y disminuir los contaminantes es inversamente proporcional al costo. Es decir, si quieres reducir los contaminantes para usar las aguas residuales para consumo humano, la inversión en el sistema de tratamiento es mayor, pero si el objetivo es reusarlas por actividades productivas, como agricultura e industria, los costos se reducen significativamente, siendo de aproximadamente USD 0,3/m3 de agua puesta en planta, lo que está por debajo de otras alternativas como la desalación”, comentó Gerardo Díaz, jefe de Proyectos de Fundación Chile.
Y agregó, “Israel, por ejemplo, tiene cinco o seis calidades diferentes para riego de diferentes cultivos, llegando hasta un tratamiento secundario. Sin embargo, Singapur que utiliza el agua incluso para consumo humano llega a un tratamiento terciario, es decir, un tratamiento más sofisticado, más caro, pero que asegura la calidad suficiente para que esa agua pueda ser consumida por las personas de manera segura”.
Ley 21.075: ¿Se pueden reutilizar aguas residuales en Chile?
Los principales factores que limitan la reutilización de aguas residuales en Chile son de índole cultural y regulatorio. A pesar de las numerosas investigaciones y evidencia que muestran que el reúso es seguro, la percepción del consumidor es que esta agua puede conllevar a riesgos en la salud. Por otro lado, para potenciar el reúso de aguas residuales tratadas se requiere del apoyo de políticas para el aprovechamiento de fuentes de agua no convencionales y del financiamiento de instalaciones de reúso de aguas.
En 2018 se aprobó la Ley 21.075, aplicable a áreas urbanas y rurales, que regula la recolección, reutilización y disposición final de aguas grises, que se definen como “aguas servidas domésticas residuales provenientes de las tinas de baño, duchas, lavaderos, lavatorios y otros, excluyendo las aguas negras”. Actualmente se espera que el Ministerio de Salud dicte el reglamento con los estándares de calidad que complementa a la ley.
“En el corto y mediano plazo, la reutilización de aguas grises en labores acotadas puede contribuir a hacer un uso más eficiente del agua potable y a disminuir la presión sobre los recursos hídricos frescos, por ejemplo, usándola para riego de parques y plazas. Cómo se realiza y financia es parte de la conversación que el país debe tener, tal como cuando se decidió sanear el 100% de las aguas servidas de zonas urbanas”, señalaron desde Andess.
En cuanto a los motivos por el cual se decidió legislar únicamente la reutilización de aguas grises y excluir las negras, el investigador de CEDEUS, Ignacio Vargas, señaló que “primero está la gran carga orgánica que tiene, lo cual hace que su uso requiera un tratamiento más sofisticado, generalmente con más energía. Y el segundo problema va por el lado de la higiene sanitaria, porque el agua que se va por el WC tiene más carga microbiana que puede enfermar a las personas. Entonces, esas aguas tienen una complejidad adicional, ya sea por la carga orgánica o por el contenido de microorganismos que podrían ser patógenos”.
Sin embargo, Vargas destaca que eso no significa que las aguas residuales (negras y grises) no puedan convertirse en aguas de calidad, sino que requieren de una inversión mayor debido al tratamiento. “Lo que pasa es que en el fondo tienes que llegar a un estándar de calidad del agua, y cuando uno tiene un agua negra parte desde mucho más abajo, por tanto, el esfuerzo tecnológico es mucho mayor. Aunque existe la tecnología que permite ir desde un agua negra hasta un agua potable, tenemos que preguntarnos si es lo más eficiente desde punto de vista energético y de gestión del recurso”, señaló el profesor asociado del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Escuela de Ingeniería PUC.
Para el jefe de proyectos de Fundación Chile, la ley quedó corta y debería haber aprovechado la totalidad de las aguas residuales tratadas a nivel nacional. Además, manifestó que la ley puede generar un precedente para inhabilitar futuros proyectos de reúso. “Los parámetros que exige la ley 21.075 son demasiados restrictivos, y eso desincentiva el aprovechamiento de esta nueva fuente de agua, especialmente en zonas vulnerables. Por ejemplo, para su aplicación en agricultura de subsistencia se vuelve prohibitivo cuando se considera que la fuente de agua en muchas zonas rurales no cuenta con una calidad de agua de entrada normada y, por lo tanto, le estás exigiendo una normativa muy superior a la que pueden acceder, puesto que las tecnologías que pueden llegar a esa calidad son muy caras y se vuelve poco eficiente implementarlas. Además, la normativa de aguas grises podría generar un problema en la infraestructura de recolección y transporte de este tipo de efluente que no se encuentra acondicionado para caudales más concentrados”, indicó Gerardo Díaz.
Respecto a los motivos por los cuáles la ley no transitó hacia la reutilización de plantas residuales, Díaz señaló que, “todavía existe la desconfianza respecto al uso de estas aguas producto de que antes de los años 90, antes de que se tecnificara el tema de saneamiento urbano y rural a nivel nacional, se regaban con aguas crudas y eso generaba muchos problemas a nivel de salud pública. Por tanto, hoy en día hay un componente de desconfianza respecto a la reutilización de estos efluentes aun cuando se reutilizan ya de manera indirecta, lo que podría ser solventado mediante estrategia de comunicación y experiencias exitosas que motiven la masificación de procesos de reúso de estos efluentes”.
A pesar de que no exista una regulación formal para la reutilización de aguas residuales, Fundación Chile ha trabajado en varias iniciativas de este tipo desde el 2013. “Hemos trabajado en proyectos con distintas líneas, una de ellas es el reúso de aguas residuales urbanas a través de fomentar la recuperación, tratamiento y reutilización de aguas residuales descargadas por emisarios submarinos en zonas costeras de Chile y, por otro lado, en sistemas rurales donde ya tenemos implementado un proyecto de reutilización de agua desde plantas de tratamientos rurales para fomentar desarrollo productivo local en la región de Coquimbo”, sostuvo Díaz.
Cabe destacar que para lograr la calidad necesaria de las aguas residuales tratadas y sin una ley específica que regule dichos estándares, Fundación Chile utiliza el Decreto 90 Tabla 1, la cual regula los contaminantes asociados a las descargas de residuos líquidos a aguas marinas y continentales superficiales de las PTAS. Finalmente, aunque la ley 21075 no restringe el reúso en su totalidad, aún no hay una institucionalidad clara para los procesos de reutilización de aguas residuales, lo cual es una restricción para avanzar hacia su implementación principalmente en zonas rurales, donde la carencia de agua es mayor.
Por su parte, desde Andess afirmaron que “los reúsos de las aguas servidas tratadas son diversos. Si uno considera solas aguas tratadas con un uso definido y conocido, cifras publicadas por la SISS (año 2020), muestran que en la zona central norte del país las aguas servidas tratadas reusadas por terceros alcanzaron 65 millones de metros cúbicos, equivalentes a menos de un 6%. Sus principales usos son procesos productivos en la industria minera. Asimismo, hay un uso menor de las aguas tratadas en procesos internos en las mismas plantas de tratamiento, pero es menor”.
La reutilización de aguas residuales no solo es una opción real, segura y sustentable, sino que necesaria para enfrentar la crisis hídrica en sectores rurales, donde se pueden ver las peores consecuencias de la sequía. No solo brindaría un acceso seguro a agua limpia, sino que se vería beneficiada la economía del lugar y la calidad de vida de las personas. “Las capacidades tecnológicas existen, la tecnología de abatimiento de contaminantes ya está más que probada, se ha implementado a nivel nacional para el tratamiento de aguas residuales en distintos niveles, hoy solo falta la voluntad de implementarlas, el financiamiento y estructurar un modelo de negocios territorial que ayude a sostener ese tipo de soluciones”, concluyó Gerardo Díaz de Fundación Chile.
Fuente
https://codexverde.cl/crisis-hidrica-se-reutilizan-las-aguas-residuales-en-chile/
Se necesita urgente en todas las ciudades el reciclado y tratamiento del agua residual.
ResponderEliminar